Cuesta encontrar en el sector de la producción animal un profesional que cuestione el bienestar o que esté en contra de mejorar cada vez más las condiciones de vida de sus animales. La cuestión es muy sencilla y compleja a la vez, porque aquí lenguaje y simbolismo topan con la ética y las creencias. Pongamos dos ejemplos para comprender a qué nos referimos. Ninguna floristería querría vender flores marchitas, es de lógica, ya que su negocio tendría poco recorrido e incurriría en pérdidas, porque los clientes simplemente no comprarían su producto. Hasta ahí llega la cuestión.
Pero si el dueño de esa floristería quiere que el negocio prospere, se preocupará de elegir el mejor producto y darle los cuidados adecuados.
Si lo trasladamos al negocio ganadero, sucede lo mismo, pero se cuela el complejísimo debate ético y la simbiosis a la que nos referíamos anteriormente entre lenguaje y simbolismo que, en este ámbito se desvela a través del concepto de “humanización” de los animales. Sin profundizar en ello, porque daría para un extenso debate y podría ser objeto de un artículo específico, centrémonos en que el modelo de producción animal en la Unión Europea cumple con los más altos estándares de calidad y seguridad y es referente a nivel mundial. Lo cual no quiere decir que no haya aspectos que se puedan mejorar o que existan casos -afortunadamente los menos-, denunciables por su mala praxis.
Pero, a pesar de ello, hasta que no se desvele el contenido de las cuatro propuestas normativas sobre bienestar animal que la Comisión debe presentar en el segundo semestre de este año, el punto en el que se encuentra actualmente el sector es de incertidumbre.
Estas cuatro propuestas son: bienestar en animales de granja; en el transporte; en el sacrificio; y etiquetado en bienestar animal.
Para la elaboración de estos documentos, recuerda Miguel Ángel Higuera, director de ANPROGAPOR y presidente del Grupo de Salud y Bienestar Animal del COPA COGECA, la Comisión Europea, a través de la DG Sante, ha tenido en cuenta diferentes fuentes, y de lo publicado hasta el momento, añade “de lo que tenemos más certeza es el informe de la EFSA donde da una serie de recomendaciones sobre los aspectos consultados por la DG Sante”.
Aspectos a modificar
Según la información de que se dispone -que no ha sido confirmada por la Comisión- la futura legislación europea podría tener previsto eliminar de forma progresiva los actuales sistemas de alojamiento en jaulas para algunas especies.
Prohibir el corte de colas (con excepciones muy limitadas); la castración quirúrgica para cerdos -con excepciones para la producción de cerdos pesados de más de 130 kg., que tendrá que ser realizada con anestesia y analgesia- y el descornado en vacas lecheras.
En cuanto a las condiciones de vida en la granja, los principales cambios afectarían al espacio y al suelo. En concreto, los productores deberán proporcionar material de enriquecimiento suficiente y adecuado y forraje con alto contenido en fibra para terneros.
También se podría prohibir el suelo totalmente emparrillado para cerdos, terneros y vacas lecheras. En cuanto al espacio, pasaría a 1,08 m² para un cerdo de 110 kg y a 3 m² por ternero.
También prevé reducir las horas de transporte de animales vivos; aplicar más condicionantes a la exportación de animales vivos a terceros países; limitar el transporte cuando haya temperaturas de más de 30 grados; y aplicar requisitos para el transporte de animales vulnerables y no destetados.
Además también podría modificar los métodos de aturdimiento; eliminación del CO2; e implementar un sistema de etiquetado de bienestar animal en la UE.
En cuanto a la selección genérica, se habla de que el tamaño medio de la camada sería de un máximo de 14 lechones nacidos vivos para las cerdas.
¿Qué opina el sector?
En líneas generales, el sector está a favor de todo lo que implique una mejora para el bienestar de los animales, pero también para la sostenibilidad económica de las explotaciones. El gran problema, argumentan las fuentes consultadas para la elaboración de este artículo, es que, en base a la información de que se dispone, todo indica que no se ha hecho una verdadera evaluación de impacto socioeconómico, o, si se ha hecho, ha quedado en un segundo plano. Además, se intenta hacer una legislación común a todos los Estados miembros, sin tener en cuenta que cada uno tiene sus propias características.
Como medida de salvaguarda, explica la eurodiputada socialista Clara Aguilera “cabe esperar que todas y cada una de las propuestas estén diferenciadas por especie y cuenten con una sólida base científica”.
Mar Fernández, directora de la Asociación Española de Productores de Huevos (ASEPRHU), coincide en que la revisión legislativa debe basarse en evidencias científicas “pero también debe tener en cuenta la evaluación del impacto socioeconómico de las medidas propuestas”. Una evaluación que, añade, debe ser “completa e independiente, que ayude a entender los riesgos, costes y necesidades que implica la eliminación total de las jaulas para el sector”.
Por su parte, Matilde Moro, gerente de ASOPROVAC Nacional, es contundente: “aunque por el momento no conocemos la propuesta de la Comisión, promete ser dura”, dice; y coincide también en la “escasa base científica en la que se sustenta” y “en el gran número de incertidumbres que acompañan a la evaluación científica y a sus recomendaciones”.
Mari Luz de Santos, directora de INTERCUN, explica que tanto para la interprofesional INTERCUN como para el sector cunícola en su conjunto, el bienestar animal siempre ha sido un eje fundamental “y los ganaderos y transformadores son los primeros que nos trasladan la importancia de que los animales estén bien cuidados”.
Asimismo, reconoce que toda legislación, incluida, la de bienestar animal, debe ser revisada para adecuarla a los conocimientos científicos y técnicos en condiciones de granja y matadero. “En este sentido, creemos que sí está justificada una revisión de la legislación en bienestar animal para cunicultura, siempre y cuando se haga con una buena base científica y se acompañe de una profunda evaluación del impacto económico, social y medioambiental que esta pudiese conllevar”. Y en este sentido, subraya, “nos preocupa que la estrategia ‘De la granja a la mesa’, de la que emanan la futura revisión de bienestar animal, ha establecido unos objetivos que no tienen base científica -se podrían haber elegido otros diferentes- y tampoco han tenido en consideración los esfuerzos ya realizados por el sector en mejora del bienestar animal en los últimos años”.
Y es que, argumenta Ana Granados Chapatte directora y secretaria general del European Forum of Farm Animal Breeders (EFFAB), la clave para determinar si la Comisión está atendiendo adecuadamente a los avances y las conclusiones de la comunidad científica europea, está en saber si la Comisión Europea ha hecho las preguntas de forma adecuada para obtener respuestas y/o recomendaciones realmente objetivas y teniendo en cuenta el contexto.
“Por ejemplo, no se puede recomendar poner límites a ciertos criterios de selección sin tener en cuenta cómo funcionan los programas de selección. A nuestro parecer, lo que hay que definir es la dirección que deben seguir los programas de mejora, sea cual sea el tipo de producción animal en vez de proponer descartar poblaciones y animales por su nivel productivo”. Porque, continúa, “hay que asegurarse de que los programas de mejora integren el concepto de selección equilibrada y responsable, además de tener en cuenta cómo ha evolucionado la mejora genética en las últimas décadas”. “Las empresas de mejora han puesto énfasis en aumentar el bienestar animal, no tiene sentido seleccionar por un elevado número de lechones si las cerdas no pueden ocuparse de ellos o si la supervivencia al destete no es elevada, por ejemplo”.

Impacto
Para comprender el impacto que podrían tener estas recomendaciones en cada uno de los sectores Miguel Ángel Higuera, Mar Fernández, Matilde Moro, Ana Granados y Mari Luz de Santos ponen ejemplos concretos.
En el caso del porcino, Miguel Ángel Higuera destaca que los que tendrían mayor impacto serían los que requieren una inversión previa, “como puede ser la eliminación de jaulas, el cambio de suelos o el empleo de material manipulable”. Mientras que los cambios relacionados con las densidades que, a priori no requieren inversión, “sí tendrían un impacto directo sobre la rentabilidad y la renta agraria del productor, ya que se reduciría la producción y, por tanto, los ingresos”. Y en cuanto a las medidas de manejo que afectan al día a día de la granja, añade, “puede hacer que haya explotaciones que funcionen y otras que sean insostenibles”.
En este sentido, Ana Granados indica los seleccionadores de mejora genética han revolucionado la manera de hacer selección en los últimos años, permitiendo incluir nuevos objetivos y criterios de selección en los programas de mejora genética. “El concepto de selección equilibrada y responsable es ahora la norma en todas las especies terrestres y acuícolas. Y eso es lo que proponemos en el EFFAB, o lo que proponen las asociaciones y empresas de mejora genética, programas de mejora con los que responder a los nuevos desafíos; en los que la robustez de los animales y una mejor resistencia a enfermedades, mejor bienestar, la capacidad de mitigar y adaptarse al cambio climático y de reducir el uso de recursos son claves y tan importantes, si no más, como la capacidad productiva de los animales”.
Mar Fernández, por su parte, indica que la repercusión económica para el sector avícola de puesta en inversiones será superior a 1.000 millones de euros “equivalente a la facturación de un año, así como un aumento de los costes de producción de entre un 20 y un 35%, según si el sistema alternativo de elección es el suelo o el campero”.
En el vacuno de cebo, Matilde Moro subraya que lo más “dramático” de esta situación “es la obsesión de antropomorfizar a los animales sin tener en cuenta ni la ciencia ni la experiencia de los profesionales”. Y pone dos ejemplos: “el mayor contacto de las crías con sus madres se plasma en una recomendación de que los mamones no puedan viajar hasta que tengan una determinada edad. Con ello asumen que los animales van a tener mayor contacto con sus madres y van a tener por ello mejor bienestar, pero lo cierto, es que las granjas de leche no tienen infraestructura para ello, por lo que cabría pensar que, si de verdad se quiere mejorar el bienestar de este tipo de animales, lo ideal sería ‘trabajar’ el manejo de los animales en origen para que su posterior transporte lo realicen en las mejores condiciones posibles. En segundo lugar, la recomendación de querer sacar a los animales a pastar obvia la bioseguridad, los problemas de bienestar de los animales y/o los climáticos, donde a menudo, en épocas de altas temperaturas, están mejor, a resguardo y con acceso a bebida y comida ad libitum de manera permanente que en esa ‘idílica’ libertad”.
Además de éstas, continúa, la responsable de ASOPROVAC, al sector le preocupa “sobremanera las propuestas sobre el transporte”.
Y en el caso del sector cunícola, Mari Luz de Santos especifica que es probable que la futura legislación europea de bienestar afecte económicamente a los productores en dos sentidos: “La inversión inicial que se tenga que hacer para adaptar los actuales alojamientos a los que proponga la nueva legislación y el descenso de la rentabilidad de las explotaciones. Aunque el primero es el que inicialmente produce más impresión, probablemente es el que que vendrá mejor financiado por las ayudas. Es por ello que el impacto de la pérdida de la rentabilidad debe ser muy tenido en cuenta ya que aspectos como la higiene de la explotación, la densidad de las jaulas y el manejo de los animales se verán afectados".
Consecuencias
Lamentablemente, esta situación supone otro empujón hacia la casilla de salida para muchos ganaderos que, como es de sobra conocido, especialmente los más pequeños, atraviesan un periodo de serias dificultades ya solo para hacer frente al incremento de costes iniciado con los elevados precios de las materias primas y acentuado con la guerra en Ucrania. A ello se une la presión ejercida desde diferentes grupos y estamentos en contra de la ganadería y la industria cárnica. Pero vayamos al detalle.
Matilde Moro profundiza en el impacto directo desde el punto de vista económico sobre el ganadero: “Estas propuestas generarán un sobrecoste inasumible para el sector productivo, lo que básicamente acelerará su erosión, propiciará el abandono rural paulatino y la importación creciente de productos originarios de países terceros con unos estándares muy inferiores respecto al bienestar, el medioambiente o la sanidad, entre otros. Al margen de dejar la seguridad de abastecimiento en manos de países terceros”.
Para evitarlo, argumenta Clara Aguilera, “las propuestas deberán tener muy en cuenta la necesidad de preservar la competitividad de las explotaciones ganaderas y, si fuera necesario, prever apoyos suplementarios para su aplicación”. Porque, de no ser así, corrobora, “acabaremos supliendo nuestra demanda con importaciones de países terceros, en los que los requisitos de bienestar animal son manifiestamente inferiores a los que existen ahora en la Unión Europea y aún mucho más de los que puedan llegar en el futuro”.
La falta de reciprocidad en los acuerdos comerciales supone una clara desventaja para los operadores europeos. El problema, explica Clara Aguilera, es que “estamos sujetos a obligaciones derivadas de las normas del comercio internacional que, sin lugar a dudas, implican una competencia desleal para los operadores europeos”. Si bien, aclara, “la UE no lo impulsa, lo cierto es que no es evidente cómo pararlo”.
No obstante, subraya que la exigencia de reciprocidad en las importaciones de países terceros a la UE venía recogida entre las medidas de la 'Estrategia de la granja a la mesa'.
Del lado del consumidor -que probablemente no sea ni siquiera consciente del origen de la materia prima- Miguel Ángel Higuera indica que “desafortunadamente puede tener reacciones no previstas”, y es que el aumento de costes, “por lógica, va a ocasionar un incremento de los precios, por lo que se producirá una caída en el consumo”. “Una caída que no es lineal”, continúa, sino que tendríamos “niveles de consumo en función de la renta”, y los que por la limitación del precio no puedan acceder a un tipo de producto, buscarán un sustitutivo más barato, incluidos aquí los de terceros países.
Entre otros motivos, indica, “porque las industrias de la transformación y la distribución presionarán por la flexibilización de las condiciones de importación, y el desajuste en la producción interna estará garantizado”.
Y es que, sostiene Mar Fernández, en la actual coyuntura, “los consumidores de toda la Unión Europea, y en particular los españoles, tienen claro que su primer factor de elección a la hora de comprar alimentos es el precio. Mucho más que en años anteriores. No podemos olvidarlo ni dejar a un lado en la toma de decisiones a los consumidores, a quienes los políticos y los productores agroalimentarios servimos, y que tienen que asumir el coste de estas normas”.
Ampliando el foco, Mari Luz de Santos cuenta que este proceso se está viviendo de formas muy diferentes entre los países europeos productores de conejo, puesto que el punto de partida de cada país es diferente, “ya que en muchos países el sistema de alojamientos en corrales para cebo ya es una realidad”. “No obstante, el sector cunícola europeo está reaccionando a todo este proceso de la mejor forma posible: uniendo fuerzas y el conocimiento de todos países para defender los intereses de los productores y transformadores del sector a través de la creación de la Asociación Europea del Conejo (ERA en inglés), que nació para dar una voz única del sector ante las instituciones europeas”, concluye.