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Vacuno de carne: las tensiones estructurales, geopolíticas y comerciales presionan al sector

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VACUNO DE CARNE

13/04/2026

7 minutos en leer

La de vacuno es una de las carnes que mayor peso tiene a nivel cultural y gastronómico en la cesta de la compra. Prueba de ello es que, aunque no es la más consumida por volumen, sí mantiene una presencia estable en los hogares españoles.

Esta tendencia queda reflejada en los datos del Panel de Consumo Alimentario del MAPA, que muestran que en 2024 -último año completo con información disponible- el consumo de carne de vacuno en los hogares alcanzó las 182.829 toneladas, un 1,5% más que el año anterior. En 2025, con datos actualizados hasta agosto, se observa en cambio un descenso del 2,2% respecto al mismo periodo de 2024. 

Desde ASEDAS, la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados, y representante del 75% de la distribución de alimentación en España, confirman el interés del consumidor por la carne de vacuno debido a su versatilidad y por ser un alimento habitual de la gastronomía española. “Los supermercados están comprometidos en el esfuerzo para adaptar este producto a los hábitos de consumo cambiantes con propuestas novedosas y variadas tanto en las secciones de libre servicio como de atención personalizada”, indican.  

La relevancia del sector del vacuno de carne en España no solo se refleja en los hábitos de consumo, sino también en su peso dentro de la economía agroalimentaria. Su aportación es especialmente significativa: dentro del conjunto cárnico, el vacuno se sitúa como el tercer subsector ganadero en importancia económica, únicamente por detrás del porcino y del sector lácteo (vaca, oveja y cabra). 

A nivel económico, se estima que en 2024 generó un valor cercano a los 4.542 millones de euros (un 12,8% más que el año anterior), representando el 6,7% de la Producción Final Agraria de nuestro país. En el ámbito comunitario, somos el tercer productor por detrás de Francia y Alemania -señala la Subdirección General de Producciones Ganaderas y Cinegéticas del MAPA-. 

Desde el punto de vista social, el informe “Análisis del sector vacuno de carne de España” publicado por PROVACUNO revela la profunda vinculación del sector con el medio rural: el 87% de las granjas se encuentran en municipios rurales, lo que demuestra que esta actividad está estrechamente ligada a las zonas de menor densidad poblacional, donde el vacuno de carne desempeña un papel esencial en la generación de empleo y en el mantenimiento de la población. 

Con este contexto económico, social y territorial como punto de partida, es momento de analizar el entorno en constante transformación sobre el que navega el sector de vacuno de carne. 


Reducción del censo 

Enlazando con la dimensión social expuesta y volviendo a los datos publicados por la Subdirección General de Producciones Ganaderas del MAPA, en enero de 2025 se contabilizaron 110.218 explotaciones bovinas en el Sistema Integral de Trazabilidad Animal (SITRAN) (-3,93%). Un número que, detalla el estudio, “se viene contrayendo con los años, influenciado por factores como la concentración empresarial, la falta de relevo generacional o la situación de los mercados”.  

Esta reducción, huelga decir, no es específica de España, sino que se da de forma generalizada a nivel mundial. De hecho, el informe Livestock and Poultry: world markets and trade, del USDA-FAS publicado en diciembre de 2025, preveía que la producción de carne de vacuno caería un 1,5% en 2026, situándose en 61 millones de toneladas. Ahora bien, este estudio es previo al conflicto en Oriente Medio, con lo que podemos deducir que la reducción podría ser mayor. Pero de eso hablaremos más adelante. 

De momento vamos a analizar los factores involucrados en la reducción de la cabaña ganadera. Uno de los más generalizados es la falta de relevo generacional -según PROVACUNO, la edad media de los titulares de granjas de ganado vacuno es España es de 58 años-; a ello hay que añadir la mayor presión regulatoria, las condiciones climáticas extremas -con sequías prologadas que reducen los pastos- y las barreras comerciales derivadas fundamentalmente de los recientes acuerdos de libre comercio. 

A todo ello hay que sumar el incremento de los costes de producción que, como es conocido, se dispararon a raíz de la guerra en Ucrania, especialmente los vinculados a la energía, el transporte y la alimentación, por la dependencia de materias primas como el maíz para alimentación animal y de los fertilizantes procedentes de Rusia. 

Matilde Moro, gerente de ASOPROVAC, explica las consecuencias que está teniendo para el sector la reducción estructural del censo: “Está generando una escalada de precios debido al desequilibrio existente en Europa entre la oferta y la demanda. Este aumento podría parecer positivo, pero en realidad está afectando negativamente al consumo. Además, la industria atraviesa una situación de competitividad muy complicada, y quienes más están sufriendo son las granjas pequeñas. Esta situación, unida al descenso de los apoyos de la PAC, está provocando su desaparición y acelerando los procesos de integración como única vía para sobrevivir en un mercado tan complejo y cada vez más globalizado”. 

Costes vs precios 

Si profundizamos más, podemos observar que, según el Estudio de Costes y Rentas de las Explotaciones Agrarias (ECREA) del MAPA, entre 2021 –el año previo al inicio del conflicto en Ucrania- y 2024, el coste de producción del bovino de cebo se ha incrementado cerca de un 40%, pasando de 2.965,21 €/UGM a 4.158,74. 

Una de las partidas que más afectada ha resultado es la de la alimentación, especialmente durante los dos años posteriores al inicio de la guerra. Tomando como referencia la semana 9 del año, vemos que en 2021 en precio del pienso para cebo de terneros estaba, según indica el MAPA, en 287,02 euros la tonelada, y un año después, en pleno auge del conflicto, era de 403,59. En 2026 –aún sin el efecto del ataque a Irán- se había situado en niveles anteriores a la guerra (280,38). 

El resultado de esta ecuación ha sido precios más altos en origen. Como ejemplo podemos tomar el precio del añojo y de las terneras. Por el primero se pagaba al ganadero 348,40 €/100 kg en 2021 y en 2024, 543,43 €/100 kg. En la semana 52 de 2025, el precio se situó en 756,31, un 23% más que la misma semana del año anterior.  

En cuanto a la ternera, se ha pasado de 369,64 en 2021 a 549,65 en 2024. Entretanto, en la semana 52 de 2025, la cotización si situó en 735,08, un 21% más que la misma semana de 2024. 

Y llegó el conflicto en Oriente Medio 

En este contexto, se prevé que el conflicto en Irán repercuta directamente en el aumento de los costes energéticos y del petróleo, afectando, en consecuencia, al sector por doble vía, como explica Alejandro Gutiérrez, director adjunto de PROVACUNO. 

De un lado, expone, “aunque el mix energético de España permite cierta independencia frente a otros países, el "estrangulamiento" del transporte de gas natural en el estrecho afectará a todas las actividades de las explotaciones e industrias cárnicas. Un punto clave es que el coste energético es el principal factor en la fabricación de piensos; dado que España es el mayor fabricante de piensos de la UE, una subida de energía encarece drásticamente la producción ganadera, especialmente en los cebaderos”. 

 De otro está la “geopolítica de los fertilizantes”: “El gas natural no solo es una fuente de energía, sino una materia prima esencial para fabricar fertilizantes nitrogenados. Si su precio sube o su disponibilidad cae debido a la guerra, las cosechas se encarecen o disminuyen, lo que finalmente provoca una reducción de la cabaña ganadera al resentirse los márgenes de beneficio”, añade. 

Una cabaña que, como hemos explicado, está sumida en un proceso de contracción. ¿Qué puede pasar, por tanto? El responsable de PROVACUNO lo explica: “En el sector del vacuno se detecta una reducción especialmente acusada en el segmento de vaca nodriza. Al tratarse de un modelo de producción extensivo, es más resiliente ante el incremento de los costes de piensos y energía que el sistema intensivo. Sin embargo, el cebo —la parte intensiva de la cadena— es la que está sufriendo con mayor fuerza el “estrangulamiento” de los costes, lo que podría ralentizar el conjunto del proceso productivo”. 

En cualquier caso, todo dependerá de la duración y evolución del conflicto. Por ahora, lo que sabemos es que la inflación anual estimada del IPC en marzo de 2026 se sitúa en el 3,3%, según el indicador adelantado del INE. Esto supondría un incremento de un punto en la tasa anual, aunque, como hemos señalado, su evolución final estará condicionada por el desarrollo del conflicto. 


Más leña al fuego 

Por si no fuese suficiente, el sector ha de afrontar la entrada en vigor del tratado comercial con Mercosur, prevista para el 1 de mayo, además del anuncio del más reciente con Australia. 

“El sector de vacuno de carne no se opone a los acuerdos comerciales en sí, pero existe una gran preocupación por la desventaja competitiva. Los productores de Mercosur operan bajo normativas mucho más laxas en cuanto al uso de antibióticos promotores de crecimiento, hormonas, cereales transgénicos y bienestar animal en el transporte”, expone Alejandro Gutiérrez. 

Y añade: “Actualmente, la UE ya importa unas 200.000 toneladas de carne de Mercosur al año y el contingente previsto es de unas 100.000. El precio de la carne brasileña es de aproximadamente 3,60 €/kg, exactamente la mitad que el precio medio europeo, de 7,20 €/kg. Aunque el volumen importado parezca bajo (1-2% del total), se trata de cortes de alto valor que terminan arrastrando a la baja el precio de todo el mercado. Esto ya se nota en mercados como el norte de África, que ha sustituido carne española por brasileña por su competitividad. Además, esta carne más barata suele terminar en el canal HORECA en colectividades donde no se suele identificar el origen”. 

“Esto choca con la escalada de precios europea”, apostilla Matilde Moro, “que ha expulsado al producto europeo del mercado internacional, no somos competitivos. Al contrario, están creciendo muchísimo las importaciones de Mercosur atraídas por estos elevados precios. A esta situación de precios que, como digo no ayuda, se ha unido la situación de dermatosis nodular contagiosa, que ha provocado el cierre de los mercados de animales vivos a países terceros y una bajada de estos en las últimas semanas. De hecho, la ventana del Ramadán ha pasado sin pena ni gloria para el producto español, siendo copado por producto de Mercosur, mucho más competitivo que el nuestro. Preocupa que esta situación se prolongue en el tiempo y acabe afectando a la competitividad del conjunto de la cadena”, añade. 

En cuanto a Australia, Alejandro Gutiérrez explica que, aunque las importaciones actuales son bajas (unas 7.000 toneladas), “el nuevo acuerdo genera frustración por la falta de consulta al sector y por las diferencias de costes de producción (alrededor de 5 €/kg en Australia). Se sospecha que estos acuerdos podrían incluir contrapartidas en otros sectores, dejando al sector vacuno y ovino como "perdedores" en la negociación”, subraya. 


En definitiva, el sector del vacuno de carne se enfrenta a un escenario excepcionalmente complejo en el que confluyen factores estructurales -como la reducción del censo, la falta de relevo generacional y la presión regulatoria- con tensiones coyunturales derivadas del encarecimiento de la energía, los piensos y los fertilizantes, ahora agravadas por el conflicto en Oriente Medio. A ello se suman los riesgos competitivos que plantean los nuevos acuerdos comerciales, capaces de tensionar aún más un mercado ya desequilibrado por la escalada de precios y la contracción de la oferta. En este contexto, el reto pasa por mantener la competitividad sin perder el arraigo socioeconómico que el vacuno de carne desempeña en la España rural.  

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