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Carne de ave: pulso entre la fortaleza productiva y las amenazas geopolíticas y comerciales

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AVICULTURA

16/03/2026

5 minutos en leer

La de pollo es una de las carnes que mejor aceptación tiene entre los consumidores españoles. Su buena relación calidad-precio, versatilidad y óptimo perfil nutricional tienen mucho que ver en ello.

Esta armonía tiene su reflejo en los datos sectoriales. Así, según la información ofrecida por la Subdirección General de Producciones Ganaderas del MAPA, en nuestro país el consumo de carne de pollo experimentó un incremento del 5,65% entre enero y octubre de 2025 con respecto al mismo periodo del año anterior –hasta 512.963 toneladas-. 

Entretanto, la producción creció un 4,7% y el número de explotaciones cayó un 1,4%. Si ponemos el foco a la balanza comercial, observamos que entre los meses de enero y noviembre las exportaciones cayeron un 1,1% y las importaciones un 2,1%. 

Jordi Monfort, secretario general de Avianza, la Asociación Interprofesional Española de Carne Avícola, confirma que el sector vive un momento positivo. “En España hablamos de un sector muy relevante: cada año se producen más de 1,7 millones de toneladas de carne avícola -pollo, pavo y codorniz- equivalentes a unos 793 millones de aves, lo que refleja el peso representativo de esta actividad en nuestra industria alimentaria y agroganadera. Además, la cadena de valor genera más de 3.800 millones de euros anuales y mantiene un consumo sólido, que incluso ha crecido en los últimos años”. 

Siguiendo con la radiografía de 2025, la llegada del virus de la gripe aviar H5N1 a nuestro país el pasado otoño generó un gran ruido mediático. Si embargo, la afectación sobre el sector fue muy limitada puesto que las aves de carne se crían mayoritariamente en el interior de las granjas, lo que las protege de las especies migratorias, principales vectores de la enfermedad. Como resultado, la cifra de aves de aptitud cárnica eliminadas en las granjas españolas fue de 200.000 y, actualmente nuestro país vuelve a estar libre de la enfermedad.   

¿Y qué ha sucedido con los costes de producción? En su informe, la Subdirección General de Producciones Ganaderas, desglosa los referidos a la alimentación animal, y cifra la relación entre éstos y el precio de la carne en 86,26 €/100 kg de media en 2025 –frente a los 31,6 € de los últimos cinco años-. Entretanto, el Estudio de Costes y Rentas de las Explotaciones Agrarias, también del MAPA, sitúa los costes de producción del sector de avicultura de carne en 2024 -último año con datos disponibles- en 71.503,91 euros. De ahí, los costes directos ascendieron a 23.355,21 euros y los indirectos a 14.376,80. Si comparamos los costes con el año anterior, observamos que en 2023 los globales fueron un 3,05% superiores, es decir, costó menos producir en 2024 que en 2023. Pero no todos los costes se vieron afectados por igual. 

Los costes directos – que engloban piensos, medicamentos, pollitos, yacijas, agua, energía y gestión de estiércoles, fundamentalmente- se situaron en 2023 en 19.440,67, un 16,76% menos que en 2024. 

Sin embargo, los de mano de obra crecieron un 13,22% en 2024 –hasta 15.074,27 euros- y otros costes indirectos –los referidos a servicios externos y de gestión- lo hicieron un 44,48% hasta 5.020,26 euros. 


El posible impacto de la guerra en Oriente Medio 

Esta es la radiografía hasta el año 2025 y las perspectivas mundiales para la industria avícola anteriores al 28 de febrero de 2026, cuando Israel y EE.UU. atacaron a Irán, seguían siendo sólidas, con otro año de crecimiento, cifrado por Rabobank en cerca del 2,5%. 

Ahora bien, el conflicto en Oriente Medio ha cambiado el paso a la economía mundial y, como consecuencia, si la situación se alarga en el tiempo, es previsible que, como si de un gran tsunami se tratase, el sector avícola se vea también afectado. 

Dentro de los sectores ganaderos, el avícola es uno de los más ligados a la energía. En el eslabón productor, de su uso depende que se puedan mantener unas condiciones ambientales óptimas para que los animales no estén sometidos a estrés térmico, así como una ventilación e iluminación adecuadas de las naves y la correcta gestión de las emisiones. Si avanzamos en la cadena, es fundamental para el correcto funcionamiento de las cámaras frigoríficas, el transporte, la logística...    

Tras el cierre del estrecho de Ormuz -vía de salida mercantil del petróleo y el gas de las grandes potencias productoras de la región: Arabia Saudí, Irán, Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos-, la oferta de crudo se ha reducido, tensionando el mercado y, por ende, elevando los precios. Asimismo, el incremento del precio del gas, que se ha llegado a disparar un 40%, repercute directamente en el coste de la energía, especialmente si la tarifa está indexada al mercado libre. 

De alargarse el conflicto, habría que ver su efecto sobre la inflación y, por tanto, cómo repercute en el IPC. De momento, en enero de 2026 el IPC general descendió un 0,4%, aunque se incrementó un 2,3% respecto al año anterior. Según el análisis de la Subdirección General de Análisis, Coordinación y Estadística del MAPA, la carne de ave se sitúa a la cola de la lista de rúbricas alimentarias que han tenido una repercusión mensual intermedia en el IPC general.  

De otro lado, está por ver cómo responden las exportaciones de carne de ave desde España a Oriente Medio –uno de los mercados que ha abordado el sector en las últimas décadas-. 

La amenaza de Mercosur 

La geopolítica, como hemos comprobado a raíz de la guerra en Ucrania, es uno de los principales factores de volatilidad de los mercados, pero no el único. Otro de los desafíos a los que se enfrenta el sector es el tratado comercial con Mercosur, sobre el que existe una gran preocupación, como declara Jordi Monfort. “No hablamos de una oposición al comercio internacional, sino de la necesidad de que exista reciprocidad real en las condiciones de producción, y que el consumidor esté informado de las mismas”. 

“Los productores europeos trabajan bajo estándares muy exigentes en bienestar animal, restricciones en el uso de antibióticos, control sanitario o sostenibilidad. Sin embargo, la carne importada desde algunos países de Mercosur no siempre garantiza el cumplimiento de esos mismos requisitos, operando bajo criterios muchas veces inferiores a los marcados por el sistema de producción europeo, lo que genera una competencia claramente desigual” subraya Monfort. Y añade que el acuerdo prevé un contingente adicional de 180.000 toneladas de carne avícola, “que inevitablemente sustituirá parte de la producción europea”, a la vez que remarca que el impacto para nuestro país, segundo productor avícola de la UE, “podría ser especialmente relevante”. 

Estándares de producción 

"También existen cuestiones técnicas que a menudo el consumidor desconoce”, añade. “Por ejemplo, en algunos países el enfriamiento de las canales se realiza por inmersión en agua, lo que puede añadir entre un 7% y un 8% de agua al producto, mientras que en Europa utilizamos sistemas de enfriamiento por aire, más exigentes desde el punto de vista de calidad y transparencia”. 

Cuantitativamente, la consecuencia más inmediata es que dejarían de producirse alrededor de 6 millones de pollos semanales en la Unión Europea. “Esto podría traducirse en una pérdida de producción en Europa, presión sobre los precios y una reducción de la competitividad del sector si no se garantiza un marco de competencia equitativo”, indica Monfort.  

En paralelo, desde un punto de vista cualitativo, “el riesgo es que se debilite el modelo europeo de producción, que precisamente se caracteriza por altos estándares en bienestar animal, seguridad alimentaria y sostenibilidad”.  


Recordemos que el modelo de producción europeo define el marco regulatorio sobre cómo deben producirse los alimentos en la UE y su resultado son los elevados estándares de calidad que aportan transparencia y confianza al consumidor. 

Para conseguirlo, los operadores han llevado a cabo un profundo proceso de adecuación y modernización de sus instalaciones y equipamientos con el fin de reforzar los estándares de bioseguridad, sanidad, bienestar animal y gestión de estiércoles y residuos, entre otras actuaciones.  

Se trata de una transformación radical de los modelos tradicionales hacia una nueva era, “donde la modernización, profesionalización y preparación para abordar mercados internacionales nos ha situado en una posición de liderazgo en el ámbito europeo”, indica el responsable de Avianza. 

Asimismo, estas actuaciones han sido clave para evitar males mayores en el sector como consecuencia de la gripe aviar, ya que, como hemos comentado, el grueso de la producción se realiza en granjas cerradas que, además, tienen implementadas estrictas medidas de bioseguridad y control sanitario. 

En este escenario, el sector afronta el reto de mantener su competitividad sin renunciar a los principios que lo han situado como referente dentro y fuera de Europa, pero, qué duda cabe, el horizonte para 2026 se ensombrece por la inestabilidad geopolítica y las tensiones que afectan al mercado energético. A ello se suma la amenaza del acuerdo con Mercosur, que podría introducir condiciones desiguales y poner en riesgo el modelo de producción europeo. 

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