Esta estacionalidad tiene una repercusión directa en el bolsillo de los consumidores. A bote pronto, podemos achacar el incremento del precio a la mayor demanda y menor producción -marcada fundamentalmente por el ciclo reproductivo de las ovejas, porque como aclara Tomás Rodríguez, director de Interovic, la interprofesional sectorial, “se trata de una ganadería limitada por la naturaleza: no puede aumentar su producción de manera repentina para cubrir picos de demanda como el de Navidad, lo que influye en la disponibilidad de producto y, por tanto, en su precio”.
Pero, como en todo mercado, la formación de los precios es mucho más compleja de lo que parece a simple vista. Veamos por partes qué factores influyen.
Paradójicamente, según refleja el Panel de Consumo Alimentario del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2024, el consumo total de carne fresca de ovino y caprino en los hogares españoles fue de 35.644 toneladas, un 8,46% menos que el año anterior. Si, lo comparamos, por ejemplo, con el año 2009, la caída es del 67%. Y a pesar de que el mes de diciembre es el que acumula un mayor consumo, la tendencia a la baja también afecta a la época navideña. Para muestra un botón: en diciembre de 2024 se consumieron 8.421 toneladas de carne de cordero, frente a las 16.688 del mismo mes en 2009.
En este contexto, la producción de carne ha tenido un reflejo acorde. En 2024 se situó en 98.530 toneladas, un 10,59% menos que el año anterior y un 22,27% inferior a 2021.
¿Por qué cae el consumo? Para Tomás Rodríguez está claro: el consumidor ha cambiado. “Los hábitos de consumo han cambiado, y el consumidor actual busca productos más sencillos y fáciles de cocinar, con percepción de ser más asequibles. Motivo principal por el que la carne de lechal, cordero y cabrito ha perdido presencia en la bolsa de la compra de los hogares”. Ahora bien, añade, “desde INTEROVIC estamos trabajando para revertir este descenso y recuperar el consumo. Por un lado, queremos posicionar la carne de ovino y caprino en el segmento ready-to-eat, y que los consumidores puedan encontrar platos preparados con estas carnes como protagonistas. Por otro lado, estamos trabajando de cerca con el sector horeca para modernizar el consumo, a través de iniciativas como el Paquito, y acercarlo a la gente más joven”, añade.
¿Qué ha sucedido?
El menor consumo, junto a la falta de relevo generacional y el incremento de costes productivos, están actuando de palanca para el abandono de la actividad y, por ende, de descenso del censo ganadero.
Volviendo a los datos del MAPA, en este caso de la Subdirección General de Análisis, Coordinación y Estadística, el número de explotaciones censadas en 2025 asciende a 109.759, frente a las 110.745 del año 2010, mientras que el censo de ganado ovino ha pasado de 24 millones de cabezas de 1996 a poco más de 13 en 2024, la cifra más baja de la serie histórica.
“Cada vez hay menos rebaños y más dispersos, lo que reduce la capacidad de producción global del sector. Esta realidad demográfica y estructural provoca que la oferta de cordero nacional sea limitada en momentos de alta demanda”, argumenta el director de Interovic.
Para comprender los motivos que han llevado al sector a esta situación, hay que bucear en los factores que influyen en la formación de costes que, como veremos, cada vez son mayores.
Examinando los costes
Si nos detenemos en los costes que afectan al proceso de producción, hay que contemplar, entre otros conceptos, la alimentación del ganado, la mano de obra, los gastos veterinarios, la electricidad y combustibles, así como las amortizaciones. Esto como norma general y sin tener en cuenta gastos extraordinarios.
¿Y a cuánto ascienden estos costes? Según un estudio realizado en el año 2024 por el Observatorio de Precios de la Junta de Andalucía, el coste medio de producción por oveja era de 101,48 €. De ese monto, las principales partidas corresponden a mano de obra y alimentación. Entretanto, el coste por cordero se establece en 4,79 €/kg -peso vivo-.
En 2021 esos mismos costes eran de 87,97 € por oveja y 4,15 por cordero. Y si nos fijamos detenidamente en las partidas de costes fijos y variables, son los variables los que acumulan la mayor subida, concretamente un 16,9% entre 2001 y 2024.

Balanza comercial
Y si nos detenemos en la balanza comercial exterior, según el MAPA, durante el año 2024 las importaciones de carne y despojos de ovino y caprino alcanzaron 10.967 toneladas (+ 56%); y las exportaciones 50.285 toneladas (+ 2%). El principal país de origen fue Italia (con un 26% de las importaciones), seguido por Francia (18%), y Grecia (16%). El destino de las exportaciones fueron principalmente los Estados Miembros de la UE, con Francia a la cabeza.
En el caso de animales vivos, en el año 2024 se registró un descenso del 44% en las importaciones y del 11% en las exportaciones. El principal destino de las exportaciones es Marruecos (51%), seguido de Jordania (10%).
Ante la caída del consumo interno, la exportación de animales vivos, especialmente hacia países árabes, se ha convertido en una alternativa de negocio para los operadores nacionales. Al mismo tiempo, la importación de carne, ya sea por escasez de materia prima o por cuestiones de precio, representa otra opción para el resto de la cadena.
Contexto geopolítico
Para comprender qué está sucediendo, tenemos que ampliar el foco y mirar fuera de nuestras fronteras. Si nos detenemos en la alimentación, ésta está influenciada tanto por el contexto geopolítico como por la climatología. El precio del pienso es uno de los costes que está sujeto a mayor fluctuación, principalmente por dos factores: el contexto geopolítico (con la guerra de Ucrania y los aranceles estadounidenses a la cabeza) y la climatología (fundamentalmente por los episodios de sequía Sudamérica). El resultado es que en 2024 el precio medio del pienso para cebo de corderos fue de 290,42 € que, si bien se ha estabilizado respecto a los tres años anteriores -los de mayor convulsión- representa un 6,23% más que en 2020 y casi un 23% más que en 2016.
Por su parte, el precio de la energía se incrementó solo en 2022 cerca de un 60%. A ello se suman los cambios legislativos, en la PAC y las crisis sanitarias, con la lengua azul a la cabeza, cuya presencia -a fecha de septiembre de 2025- se había extendido de forma significativa en nuestro país.
El impacto de estos factores en el bolsillo de los consumidores puede verse a través de la inflación del precio de los alimentos en España, que en octubre de 2025 se situó en el 2,4% anual, muy por encima de la media histórica. En el caso concreto de la carne de ovino y caprino, el IPC fue del 2,5%. Está por ver qué sucederá en las próximas semanas, ya que en diciembre de 2024 se situó en un 7,2%. De hecho, según observamos en los datos del INE, son precisamente los tres últimos meses del año los que copan la gran subida, ya que en los meses centrales se sitúa incluso en negativo.
“Como en el resto del sector agroalimentario, la subida de los costes de producción (piensos, energía, transporte, combustible, materiales o servicios veterinarios) ha afectado a todos los eslabones: ganadero, industrial y distribuidor. A esto se suma el incremento de los costes laborales y logísticos, consecuencia directa de la inflación global y de la nueva normativa europea en materia de transporte animal. Estos costes acumulados se reflejan de manera natural en el precio final del producto, como ocurre con la mayoría de alimentos básicos”, detalla Tomás Rodríguez. “Su valor económico refleja el esfuerzo de miles de familias que mantienen viva una actividad esencial para la sostenibilidad del medio rural español”, concluye
En definitiva, la cadena agroalimentaria se enfrenta a un escenario marcado por la volatilidad y la interdependencia de factores externos: geopolítica, climatología, costes energéticos y normativas. Todo ello repercute directamente en los precios y en el comportamiento del consumidor, que, ante la incertidumbre y la pérdida de poder adquisitivo, reduce su demanda, perpetuando un ciclo difícil de romper.