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Crisis de alimentos ganaderos... ¿hay que tomárselas a risa?

16/09/2019

Por Jesús  López Colmenarejo, director ejecutivo

Vivimos tiempos convulsos en la producción de alimentos con origen ganadero, y en esta ocasión no me refiero ni a costes ni a legislación medioambiental, sino a la percepción que de ellos tiene el consumidor medio.


Nuestra sociedad se encuentra en un proceso de cambio permanente, y alimentos básicos en nuestra dieta durante las últimas décadas como la carne o los lácteos, están día tras día injustamente bajo sospecha.

El sector ganadero, aunque no lo perciba, está inmerso en una especie de tormenta perfecta. A la dificultad propia de la cría de ganado ahora se suman las supuestas limitaciones éticas que imponen ciertos grupos de presión. Estos grupos animalistas juegan con la fuerza que hacen los consumidores, que cada vez viven más alejados de las granjas que producen sus alimentos. Los colectivos animalistas están cada vez mejor organizados, tienen más influencia en las instituciones y ocupan una presencia cada vez mayor en los medios de comunicación.

Este es un problema de fondo, pero se hace patente cuando ciertos casos mediáticos asaltan periódicos y redes sociales.

Sin ir más lejos, este pasado mes de agosto las redes sociales se han llenado de comentarios y vídeos relativos a un "santuario animal", una entidad que se autodefine como un colectivo "antiespecista, transfeminista y libertario que lucha por la liberación animal y de la tierra".

Sus vídeos, que circulan en todas las redes sociales, son hilarantes en sus argumentos y presentación. Ha tomado especial relevancia uno en el que las activistas que aparecen en él exponen que ellas separan a los gallos de las gallinas "porque en su naturaleza está violarlas"... Si no los habéis visto aún, cosa que dudo, no tienen pérdida por el sinsentido que suponen.

Esto me provoca una reflexión, ya que la viralización de estos vídeos ha provocado la reacción de muchos consumidores mofándose del veganismo radical y lo que implica... ¿Y si para luchar contra algo tan serio como el futuro de los sectores ganaderos tuviéramos como aliada la parodia o la risa? Eso no quiere decir que nos tengamos que reir de todo, sino que no descartemos la potencia del humor para explicar cosas serias.

Otro ejemplo cercano ocurrió hace tres años, en octubre de 2015, cuando la Agencia para la investigación del Cáncer, un órgano de la Organización Mundial de la Salud, emitió un informe donde el consumo de carne roja fue clasificado como “probablemente cancerígeno para los seres humanos" en el grupo de cáncer 2A.

En este grupo de riesgo, para que nos hagamos una idea, están catalogados también la combustión de biomasa, los esteroides, las estufas de carbón...así como el trabajo de peluquero o freír los alimentos a altas temperaturas, lo que da una idea del grado de peligrosidad de la ingesta con moderación de carnes rojas.

En ese momento también surgió una invasión de chistes en internet, y proliferaban amigos que te ofrecían un servicio gratuito de recogida de jamones y chuletones de ternera, residuos en definitiva. Además incluían su procesamiento y destrucción con total garantía... y les daba igual si el jamón ibérico de bellota que les donabas como residuo peligroso ya estaba empezado.

Lo dicho, los nuevos tiempos requieren nuevas formas de comunicación y de lucha contra los bulos, y el humor no hay nunca que perderlo... de vista.

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