Editorial Agrícola
Economía

Harinas cárnicas, harinas de insectos... tiempos modernos

26/08/2021

Por Jesús López Colmenarejo, director ejecutivo de Grupo Editorial Agrícola-Henar Comunicación

Todo llega. Tras 20 años desde la prohibición de las harinas cárnicas en alimentación animal como medida preventiva frente a la EEB, parece que esta moratoria toca a su fin


La Comisión Europea ha anunciado este mes de agosto que reautoriza el uso de proteínas animales procesadas (PAP en siglas), una medida efectiva desde el 6 de septiembre de 2021.

Pero esta no es una apertura total, ni siquiera hecha de cualquier forma. Las harinas procedentes del ganado porcino se permitirán para alimentación en avicultura y las avícolas para piensos porcinos, mientras que en piensos de rumiantes no se permitirá su uso en modo alguno, ni las harinas de rumiantes serán permitidas en otras especies.

Han hecho falta años de controles, procesos y medidas de tratamiento de proteínas animales para controlar el riesgo de la EEB, pero ahora se abre una nueva etapa, precisamente en un momento clave, en el que las materias primas de piensos alcanzan máximos.

Las harinas animales son una importante fuente de proteínas concentradas que pueden contribuir (aunque sea de forma limitada) a reducir el déficit en proteínas para uso alimentario de la UE: desde  una perspectiva nutricional, su perfil de aminoácidos las convierten en una valiosa fuente de proteínas de gran digestibilidad, y cuando surge este tema siempre aparece la soja en el horizonte.

Pero ojo, es importante no crear falsas expectativas en cuanto a la capacidad de las harinas cárnicas para reemplazar las importaciones. de harina de soja de terceros países. La disponibilidad es limitada y sus restricciones de uso están muy restringidas.

Por ejemplo, los operadores de estas materias primas están obligados a implementar un programa de seguimiento para verificar el cumplimiento de tolerancia cero para la presencia de ADN de rumiantes en ellas  y controlar la prohibición del reciclaje dentro de las especies, lo que significa importantes inversiones para las empresas fabricantes.

Esto aumenta evidentemente su coste en el mercado. Además habrá que tener en cuenta que los "clientes", tanto directos (ganaderos) como indirectos (consumidores) deberán perder miedos y estar dispuestos a que su uso sea considerado como algo normal en la alimentación de animales de producción.

Actualmente estas materias ya se utilizan en alimentos para animales de compañía y de peces, y las que pasen a utilizarse a nivel nacional en otras especies serán las que se exportan ahora a terceros países.

Pero no se abren solamente las harinas cárnicas. También se permitirá la proteína de insectos en alimentación de aves y cerdos, una sustancia que hasta la fecha únicamente se había permitido en la alimentación de peces.

Mantener estas sustancias dentro de la cadena alimentaria, independientemente de las connotaciones antes mencionadas de precio o percepción de sanidad que los consumidores puedan tener, aporta un componente medioambiental muy potente, ya que contribuyen al concepto de economía circular que encaja en la visión de producción sostenible que se promueve desde la UE

Y no hay que olvidar que la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria aprobó el gusano de la harina (Tenebrio molitor) para su consumo humano el pasado mes de enero. Ya se han empezado a instalar en diferentes partes de España granjas productoras que servirán para abastecer un teórico mercado creciente de productos alimentarios basados en estas materias primas.

Los tiempos cambian, la seguridad alimentaria y el medioambiente parecen ser los faros a seguir más que nunca en producción animal. Los gustos y tabúes de los seres humanos cambian, o no. El mercado lo dirá.

 

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