Editorial Agrícola
Economía

La leche tenía un precio

20/12/2021

Jesús López Colmenarejo, directo de Grupo Editorial Agrícola-Henar Comunicación

Hace unos días me hice eco en redes sociales de una imagen que me llamó la atención: era un adorno navideño. Para ser exacto, este adorno era una pequeña bolsa de paja para el Belén en el que, haciendo el cálculo, esta materia prima se pagaba a 34 euros el kilo.


Y me llamó la atención porque el precio de la paja como alimento de ganado puede ser mil veces menor que esa cantidad, nada menos. ¿Qué hacía posible este precio? Pues quizás que solo se vendían 50 gramos de paja, que quién lo compraba le iba a dar un uso decorativo e incluso que la compra estaba influida por un ambiente festivo.

Algo similar siento cuando se habla del precio al que encontramos un litro de leche en el supermercado y al que, simplemente unos estantes más allá, nos encontramos los refrescos o el agua embotellada.

El trabajo y el coste de producción que conllevan producir un litro de leche no tiene nada que ver con el de la Coca-Cola, es evidente. En la segunda no hay que ordeñar todos los días, ni alimentar vacas, ni mantener una cadena de frío... ¿Por qué tienen entonces precios de venta similares? Porque Coca-Cola ha sabido vendernos felicidad, y los productores de leche "solamente" un alimento.
Es cierto que al sector productor lácteo aún le falta mucho marketing que poner en su producto y mucho por hacer para que la industria láctea (el cliente directo) lo valore adecuadamente.

Pero los precios actuales de la leche en origen, con la subida de materias primas dedicadas a la alimentación, no cubren ni para mantener los negocios y si seguimos la analogía del adorno, no es que los ganaderos quieran, puedan o deban producir adornos navideños, es que simplemente les cuesta dinero producir paja.

Al cierre de este editorial están en marcha movilizaciones y demandas del sector lácteo, llegando peticiones incluso de huelga de entregas de leche a las industrias, lo que es peligroso, porque como decía Bob Dylan "cuando no tienes nada, no tienes nada que perder".

Cuando un trabajador por cuenta ajena ejerce su derecho a la huelga, pierde el dinero que ganaría durante esos días. En el caso de un ganadero de leche es aún más dramático ya que no puede dejar de seguir alimentando y ordeñando a sus animales y la huelga de entregas supone para él tirar la leche producida. Por tanto no solo deja de ganar, sino que pierde dinero, a lo que se añade el daño psicológico que supone para él tener que tirar por el sumidero miles de litros de leche que no puede almacenar.

La solución no es simple, pero tiene varios puntos a considerar. Por ejemplo, uno de ellos es que no debería haber nunca en los puntos de venta bricks de leche a menos de 0,7 euros el litro, porque eso significa que a ese precio en la parte de abajo de la cadena, un ganadero no está pudiendo pagar sus costes.

También los consumidores tienen en su mano ejercer su derecho sobre qué no comprar, ciertamente, pero por mucho que se diga que el consumidor es más sensible a la compra de alimentos producidos sosteniblemente, en casos como este se ve que el precio de venta sigue siendo definitorio.

Otra piedra de toque es la reciente reforma de la Ley de Cadena Alimentaria llevada a cabo por el Ministerio de Agricultura con la que espera lograr unas relaciones comerciales "más justas, equilibradas y transparentes" en la cadena de producción láctea.

Aplicar la ley siempre es importante, pero si su aplicación no llega a tiempo para detener la sangría de explotaciones que cierren, al final el problema se solucionará por el conocido dicho "Muerto el perro se acabó la rabia".

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