Editorial Agricola
Economía

No hay soluciones milagro

26/09/2016

Ahora que termina el verano comienza el tiempo de los buenos propósitos y el cambio de ritmo tras las vacaciones. Un clásico de esos buenos propósitos de la “vuelta al cole” de otoño es que volvemos a fi jarnos en nuestro físico, del que, en gran medida, nos hemos olvidado en estos meses de descanso y aparece en nuestra mente el retorno (o inscripción inicial) al gimnasio, de la mano de la consabida dieta. En este punto nos encontramos en el mercado con una amplia variedad de “soluciones milagro”: la dieta de la piña, la de la alcachofa, la disociada o la del último famoso que ha aparecido en una revista. Todas prometen soluciones rápidas, son fáciles y persistentes. Y llegados a este punto muchos os preguntaréis qué tiene que ver todo esto con nuestra ganadería, y no os falta razón. Pues bien, este verano he tenido la oportunidad de visitar una granja de leche de producción ecológica en Galicia, una granja reconocida por fabricar yogures de calidad y que, por lo que parece, tiene resultados positivos en su contabilidad. La visita a esta granja inicialmente no tenía un objetivo técnico sino de vacaciones, pero ya se sabe que la mente está siempre funcionando.

Para empezar tenían muy bien organizada la visita (pensada en familias que no habían visto nunca una granja). En ella una monitora explicaba a los visitantes “de forma dulce” el día a día de una explotación, una acción por la cual nos cobraron 4,5 euros por persona, eso sí, además de la experiencia pudimos probar un rico yogur y los niños jugaron en un parquecito rural que tenían habilitado. Esta explotación vendía como productos de marca propia el 80% de su leche (yogures de varios sabores todos muy naturales, leche pasteurizada una nueva línea de quesos, etc.) todos pensados en un consumidor que quiere variedad pero al que también le gusta que se le venda un mensaje, una historia.

Con este ejemplo no pretendo que todas las explotaciones ganaderas de España empiecen a organizar visitas para urbanitas, nada más lejos de mi objetivo. La idea es que pensemos un poco y refl exionemos sobre el sector. En una coyuntura normal estoy convencido de que la viabilidad de las granjas de leche en España no pueden seguir los mismos criterios: habrá granjas que sean viables por sí mismas vendiendo la leche en crudo, como siempre. Otras deberán explotar la cercanía a grandes ciudades para ofrecer un producto de proximidad y experiencias de turismo rural como las antes mencionadas. Las habrá que tendrán que diferenciarse hacia producciones ecológicas y avanzar en la extensifi cación o, por el contrario, explotar el tamaño y conseguir un rendimiento por litro de leche producida que sea el mayor posible, por sí mismas o a través de fusiones con otras granjas.

Incluso, ¿por qué no? algunos ganaderos serían mucho más felices y vivirían sin la incertidumbre del día a día integrados en una industria, como asalariados. Esta solución que ya lleva décadas en el porcino levanta ampollas y deberíamos plantearnos por qué. Lo dicho, no hay una “dieta” mágica que solucione el problema de la baja rentabilidad de las explotaciones ganaderas pero, en mi opinión, lo que es casi seguro es que poco se podrá conseguir con el rezo permanente, con la mentalidad de agarrarnos a lo que tenemos, todo ello combinado con la búsqueda de culpables de la situación. Es cierto que los hay, la industria o la distribución no suelen tener mentalidad de ONG, pero lo que no podemos hacer es ponerlo fácil. Toca pensar de forma empresarial como lo que se supone que somos, empresarios del sector agroalimentario, y un empresario analiza qué le pasa a su empresa y busca soluciones.

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