Editorial Agrícola
Economía

Legislación en bienestar animal, sí. Pero basada en la ciencia

20/10/2022

Por Jesús López Colmenarejo, director ejecutivo de Grupo Editorial Agrícola - Henar Comunicación

Los pasados 3 y 4 de octubre tuve la oportunidad de presentar en Talavera de la Reina el simposio titulado “El bienestar animal de la sociedad europea”. Fueron dos días interesantes, en los que se abordó esta temática desde diferentes perspectivas con enfoque europeo. No en vano, dos condicionantes que en breve afectarán a nuestras granjas en materia de bienestar animal vendrán “desde Bruselas”: la nueva PAC y la estrategia “De la granja a la mesa”.


Se habló mucho en este simposio de certificaciones, de sellos de calidad y de marcas de garantía relacionadas con el bienestar animal, que en el fondo no son otra cosa que herramientas que nuestra cadena alimentaria utiliza para diferenciar los alimentos de origen animal más “respetuosos” de los “comunes” frente al consumidor.

Aquí surge un tema que parece evidente y quizás no lo sea tanto: estas certificaciones, esta puesta en valor, tienen sentido si el consumidor sabe qué es lo que significan, si entiende los conceptos más allá del logotipo.

Que existe una brecha de desconocimiento entre la producción ganadera y el consumidor final es algo reconocido y se refleja en el hecho de que, para muchas personas, la única referencia de animal vivo es su mascota.

Cuando un consumidor medio, que nunca ha visto una vaca de cerca ni sabe cómo son sus alojamientos, demanda “mayor bienestar animal” en una encuesta, ¿sabe realmente qué está pidiendo o “toca de oído” mirando de reojo a su perro?

En mi opinión, la percepción social del bienestar animal no se ajusta a parámetros científicos objetivos por la sencilla razón de que a nuestra población más urbana le falta formación e información respecto a la producción ganadera real.

Es cierto que todos tenemos un conocimiento limitado de muchas materias, que no podemos saber de todo y quizás deberíamos ser más indulgentes con la sociedad. Pero, ¿debemos serlo también con las Administraciones que desarrollan nuestra legislación de bienestar animal?

A veces da la sensación de que en la UE se legisla a golpe de Eurobarómetro, y en España a golpe de encuestas electorales. Necesitamos que nuestras legislaciones estén basadas en criterios técnicos y científicos lo más independientes posibles del color del cristal que nos gobierne, porque en caso contrario subiremos el listón del bienestar animal a niveles irreales, haciendo que nuestra producción ganadera no sea competitiva.

Por otra parte, la ciencia avanza y la percepción del consumidor evoluciona. El sector no puede pretender producir con los parámetros que teníamos hace 20 o 30 años, nuestro sector debe adaptarse, como lo ha hecho desde siempre, a condiciones de producción más exigentes y respetuosos.

El ganadero es el primer interesado en que sus animales estén en el mejor estado posible, los productores de forma mayoritaria cumplen con la legislación y la Administración es garante de que se cumple ¿por qué no se explica adecuadamente a la sociedad que ya producimos acorde a la legislación de bienestar animal más exigente del mundo? ¿No es políticamente correcto?

Pero supongamos que el cliente siempre tiene la razón, como aseguran. Si este consumidor aumenta sus demandas en bienestar animal por encima de lo científicamente establecido, y esto implica costes añadidos a los productores, debería ser el consumidor quien pagara la diferencia de esos costes, no puede darse por hecho que va a asumirlo la cadena alimentaria.

Sobre todo, porque ese mismo consumidor es el que, cuando recorre el lineal de un supermercado, toma su decisión de compra mayoritariamente por el precio. Porque no es lo mismo predicar que dar trigo…

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