Editorial Agricola
Economía

La Leche, animal ... ¿y la hamburguesa?


Editorial escrito por Jesús López Colmenarejo.


Al menos dos veces al mes me gusta estar “al otro lado”. Es una costumbre que creo que, todos los que pertenecemos al sector agroalimentario, deberíamos realizar con cierta frecuencia, para saber un poco más sobre cómo nos ve el resto de la población. Es una actividad que se puede hacer acompañado, solo, a la que se puede dedicar más o menos tiempo…cada cual según sus gustos, posibilidades o intereses.

Porque estar “al otro lado” (para los que aún tengáis dudas) no es otra cosa que convertirse en consumidor, ver los alimentos en la tienda, no como el fruto de nuestro trabajo, sino como aquellos alimentos que están en los estantes y que, posteriormente, vamos a cocinar y a comer.

Pues bien, llevaba años fijándome con cierto malestar en cómo las bebidas de soja, avena o arroz se iban integrando, poco a poco, dentro de los mostradores de lácteos. Es cierto que en los países europeos está de moda una alimentación más vegetal, pero lo que no me parecía tan normal es que se aprovechara el desconocimiento del consumidor y los etiquetados que llamen a engaño para que los lácteos perdieran cuota de mercado a favor de estas bebidas. Era como tener al enemigo dentro de casa.

Pues parece que finalmente la justicia también se ha dado cuenta de ello, ya que este mes de junio el Tribunal de Justicia Europeo ha resuelto que, a efectos de comercialización y de publicidad, la denominación “leche” deba quedar reservada exclusivamente a la leche de origen animal.

Asimismo, y siempre teniendo en cuenta las excepciones establecidas expresamente por la normativa, se reservan las denominaciones “nata”, “chantilly”, “mantequilla”, “queso” y “yogur” únicamente a los productos lácteos, es decir, a los derivados de la leche. Parece que el sentido común fi nalmente se impone.

Y con las hamburguesas. ¿Qué ocurre? 

Tampoco se nos escapa que en cuestión de carne la tendencia o moda actual en los países ricos también va hacia una reducción en el consumo, pero las alternativas que surgen para aquellos que quieren tomar sucedáneos son “inquietantes”: hamburguesas vegetales, albóndigas y nuggets vegetarianos….

Y digo “inquietante”, así, entre comillas, porque tanto la legislación nacional como la de la UE definen claramente los distintos derivados cárnicos con sus requisitos de composición e información obligatoria al consumidor.

Se define meridianamente lo que debe contener cada uno de ellos pero en los “primos vegetales” parece como si se hiciera la vista gorda, ya que la denominación no se acoge a lo establecido.

Por ejemplo, a los fabricantes de hamburguesas se les pide que éste sea un producto elaborado con carne picada a la que únicamente se le pueden añadir condimentos y especias o aditivos antioxidantes (vitamina C-ácido ascórbico, tocoferol, etc.) y ningún conservante.

Si quieren cambiar esta lista de ingredientes, e incorporar, por ejemplo, cereales y hortalizas o utilizar sulfitos como conservadores deberán llamarlo “Burger Meat”, una denominación que podréis ver en la mayoría de las barquetas de carne procesada.

¿Por qué entonces se permite llamar hamburguesas a algo que no lleva nada de carne? Quizás simplemente hace falta ganar otra demanda, como la que lanzó la Asociación alemana que lucha contra la competencia desleal contra la empresa Tofutown y que provocó la resolución del Tribunal Europeo, solo eso...

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