Editorial Agricola
Economía

El surimi y la gestión de purines

14/06/2017

En 2014 en España se aplicó la controvertida Orden Ministerial de Industria que recortaba las primas de las energías renovables, una medida que supusola reducción de las subvenciones a todo tipo de renovables en un 40%, entre las que se incluyen las plantas generadoras de electricidad a partir del tratamiento de purines.


Por Jesús López Colmenarejo, directo de la Revista Ganadería


Desde entonces, y debido a su falta de rentabilidad, estas plantas de tratamiento han ido cerrándose y los purines se han vuelto a gestionar de forma tradicional, aplicándolos como fertilizante en el campo.

Dicha sentencia del Supremo expone que el Gobierno equiparó de forma inadecuada este tipo de plantas con el resto de centrales de producción energética renovable, obviando la obligación de la UE de combatir la contaminación de aguas por nitratos y su derecho ser retribuidas con cargo al sistema eléctrico por ser medioambientalmente beneficiosas.

Este “paso atrás” provoca un daño ambiental por doble vía, ya que incrementa la emisión de metano a la atmósfera (uno de los principales responsables del efecto invernadero) y aumenta la contaminación de las aguas subterráneas a causa de la filtración de nitratos. Evidentemente, cuando se produjeron estos hechos no se estaban gestionando para uso energético todos los purines de porcino del país, pero las cerca de 30 plantas existentes estaban preparadas para procesar 2.500 millones de litros de purines, algo más de la tercera parte de los 7.000 que genera la cabaña porcina española, lo que no es desdeñable.

El pasado mes de mayo, una sentencia de la Sala de lo Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo ha dado un giro drástico a la situación, dando la razón al recurso contra la normativa que recortó las subvenciones. Esta sentencia anula el recorte de las primas a las plantas de renovables no eólicas ni solares, entre ellas las de tratamiento de purines, y da al Gobierno cuatro meses para establecer un nuevo sistema.

Además, el Tribunal Supremo confirma que Industria asignó a estas plantas “unos valores y parámetros que no se ajustaban a la realidad ni se correspondían con los estándares del sector”, como multiplicar por 19 las previsiones de “otros ingresos de explotación”, reducir casi a la mitad sus autoconsumos de energía o infravalorar los costes de inversión “entre un 10% y un 34% respecto de los costes reales”. Así, en respuesta a esta sentencia, la Administración ha sacado una línea retributiva que permite volver a reabrir las plantas de tratamiento de purines cerradas, restaurando en parte la problemática creada.


Y os preguntaréis, ¿qué tiene que ver la gestión de purines con el surimi?


Para los que no conozcáis esta denominación, el surimi no es otra cosa que esos palitos de cangrejo o sucedáneos de angulas que se han hecho cada vez más comunes los últimos años en el supermercado. Estos productos son simplemente un concentrado de proteínas obtenido a partir de carne, procedente de especies o piezas de pescado que, de otra manera, se desecharían.

Por este material, tras un procesado y mucha labor de marketing, pagamos desde 5 euros/kg hasta los 20 euros/kg que cuestan las “gulas” más reconocidas, lo mismo o más que por pescado de alta calidad.

¿Cobraremos algún día en nuestras explotaciones tanto por la energía generada en ellas como por la carne o la leche que ahora producimos? El futuro dirá, pero lo mismo conviene ir pensándolo...

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