Editorial Agrícola
Economía

Bienestar animal: el sector traza la ruta hacia la excelencia

01/09/2022

Por Marta Fernández, periodista agroalimentaria

A pesar de que en España el bienestar animal cumple con los más altos estándares calidad, el debate sobre las condiciones de vida de los animales de producción se ha instalado en el seno de la sociedad, cuestionando el esfuerzo y las medidas adoptadas por el sector que, como respuesta, y haciendo gala una vez más de su capacidad de resiliencia, ha vuelto a tomar la iniciativa dando un paso más del legalmente exigido a través de la iniciativa “Compromiso Bienestar Animal”.


El origen a este cuestionamiento, señala Miguel Ángel Aparicio, profesor de Producción Animal en la Universidad de Extremadura y miembro de SEPROBA, que es la Sociedad Española de Protección y Bienestar Animal, habría que buscarlo en los cambios sociológicos acaecidos en los últimos años y, de entre ellos, el cada vez mayor alejamiento de las generaciones más jóvenes de entornos urbanos del medio rural, junto a una creciente sensibilización hacia el medioambiente. “Esto se traduce en una mayor susceptibilidad hacia el bienestar de los animales”, dice. Sin embargo, añade, “esta sensibilidad no está acompañada del conocimiento de las condiciones reales en las que viven los animales, como se acredita a través de los resultados de los Eurobarómetros”. En la práctica, esto se traduce, explica, en que “desgraciadamente, en España hay un notable desconocimiento de las condiciones de vida y de trabajo en el mundo rural”.

En referencia al origen de las causas sociológicas, Miguel Ángel Aparicio reconoce que son complejas, y que habría que buscarlas en los cambios demográficos producidos en las dos últimas generaciones, “así como en la infravaloración de todo lo que tiene relación con el entorno rural, que se traduce en las condiciones y servicios a los salarios percibidos”.

Y dentro de la complejidad que supone entender a un consumidor cada vez más globalizado, de manera estandarizada, es importante conocer las características sociales de los nuevos consumidores y, de entre ellos, las de los “milenials” -que son los nacidos entre 1981 y 1997- y los de la “generación Z” -que ahora tienen entre 7 y 25 años-.

Porque los cambios en su comportamiento, y el efecto cohorte generacional, se traducen en un añadido al argumentario promovido desde deferentes colectivos que tratan de denostar el consumo de carne y que, además, manejan a la perfección las nuevas herramientas de comunicación que son inherentes a los más jóvenes.

En el Informe de Consumo Alimentario del MAPA del año 2018, elaborado por la consultora 40dB, ya se indicaba que los españoles que mayor consumo per cápita realizan de carne eran las parejas adultas sin hijos, los adultos independientes, así como los retirados, concentrando estos últimos una ingesta media que superaba en un 41% a la de la media nacional (46,19 kilogramos/persona/año).

“Al revés se sitúan los individuos que conforman parejas con hijos pequeños, pues su consumo de carne es un 35% más bajo que la media nacional, es decir que consumen, de media, 16,13 kilos menos al año por individuo”, añadía el informe. En cuanto al perfil del hogar consumidor de carne “se corresponde con aquel cuyo responsable de las compras tiene una edad que supera los 50 años. Por el contrario, los hogares cuyo responsable de las compras tiene una edad menor de 35 años, tan solo es responsable del 9,45% del volumen de la categoría de estudio”.

A todo esto, podemos añadir una de las conclusiones expuestas por José María Gil Roig, del CREDA-UPC, en el reciente Simposium de Cunicultura de ASESCU sobre tendencias de mercado en el sector cárnico, según la cual, como consecuencia de la pandemia, de entre los atributos que los consumidores tienen en cuenta a la hora de comprar un producto el valor se ha colado a la cabeza el ranking. Y este concepto es totalmente subjetivo y, en él, por supuesto se incluye el bienestar animal.

Un paso adelante

En base a este análisis, el punto de partida de la producción ganadera debería ser comunicar y mostrar al conjunto de la sociedad el modelo de trabajo del sector dentro del ámbito del bienestar animal, poniendo en valor los cambios estructurales tanto realizados como en proceso. Porque el sector sí sabe que el marco legislativo de la Unión Europea en materia de bienestar animal es el más exigente del mundo. Pero el consumidor no es, o no quiere ser, consciente de ello. La explicación quizás habría que buscarla en la psicología y en el por qué, por lo general, calan más los mensajes negativos y alarmistas que los positivos, y, por qué no decirlo, tenemos tendencia a dar credibilidad a los rumores.

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