Editorial Agrícola
Especies

La acuicultura, productividad y uso sostenible del agua

21/04/2021

Por Máximo Torero, economista jefe de la FAO

La acuicultura, o cultivo en agua, comprende la cría conjunta de animales (peces, crustáceos y moluscos) y vegetales (algas marinas y macrófitos de agua dulce).


Puede tener lugar en agua dulce, agua salobre o entornos marinos. En cuanto al consumo de agua, si bien toda la acuicultura necesita agua, la acuicultura marina (38% de la producción animal, 55% si incluimos algas y macrófitos) utiliza ecosistemas acuáticos sin modificarlos. La cría intensiva de peces, moluscos y crustáceos en agua dulce puede consumir agua, como es el caso de la cría de bagres en alta densidad, por poner un ejemplo, pero el volumen es mínimo comparado con prácticas agrícolas. También pueden estar integradas con producción agrícola de otro tipo, en cuyo caso dos o más productos se producen con la misma cantidad de agua.

La acuicultura proporciona alimentos nutritivos de alta calidad y valor biológico, y una amplia variedad de productos acuícolas que han evolucionado dentro de agroecosistemas y entornos económicos muy diferentes, con sus diferencias culturales, necesidades y preferencias distintas por parte tanto de los mercados como de los consumidores.

De este modo, vemos como la acuicultura es muy diversa y se practica de muchas maneras diferentes en todo el mundo, usando sistemas de producción muy variados.

Aunque se crían más de 600 especies en el mundo, la mayor parte de la acuicultura, como ocurre con la agricultura, depende de un número reducido de especies “principales”, como la tilapia, la carpa, los camarones, los bivalvos y las algas. Las 20 especies más producidas representaban más del 80% de la producción mundial en 2018.

Sostenibilidad en acuicultura

Para tratar la cuestión del uso sostenible del agua en la acuicultura, es importante comprender dos divisiones fundamentales. En primer lugar, existe una división entre sistemas acuícolas con y sin alimentación. Los sistemas de peces, moluscos y crustáceos alimentados, en comparación con los sistemas no alimentados, en general son más intensivos y difieren en la eficiencia del uso de insumos, entre ellos el agua. Los sistemas sin alimentación son particularmente importantes para el uso eficiente del agua, ya que los organismos filtrantes (mejillones, almejas y ostras) y las especies omnívoras (por ejemplo, carpas y tilapia) utilizan la productividad natural de las masas de agua. La segunda división importante distingue entre cultivo en agua dulce y en agua salada. La producción mundial de peces comestibles cultivados (es decir, destinados al consumo humano) depende en gran parte de la acuicultura continental de agua dulce. En 2018, la acuicultura continental fue fuente de 51,3 millones de toneladas de peces comestibles cultivados, es decir, el 62,5% de la producción mundial total en comparación con el 57,9% en 2000. Todos estos datos pueden ser consultados en el último informe sobre el Estado Mundial de la Agricultura y la Alimentación de FAO.

También existen divisiones importantes en relación con los sistemas de producción. El cultivo en jaulas y los sistemas marinos, en los que los peces u otros animales acuáticos se crían dentro de estructuras flotantes o fijas sumergidas en el agua (en embalses, lagos y ríos), también puede considerarse cría no consuntiva, en la que el uso del agua puede mejorarse con un buen seguimiento y decisiones de gestión correctas. Los estanques de tierra o excavados son los que más comúnmente se usan en la producción de acuicultura continental, aunque también se utilizan ampliamente tanques con conductos, tanques elevados, corrales y jaulas, donde las condiciones lo permiten.

La acuicultura de recirculación es una de las prácticas acuícolas que más agua ahorran. Utiliza tanques, bombas y filtros para contener, hacer circular y limpiar el agua, de manera que pueda recircular o reciclarse y que no sea necesario cambiarla.

Algunos sistemas superintensivos recientemente desarrollados emplean tan solo 300 litros de agua nueva, y a veces menos, por kilogramo de pescado producido. Las explotaciones tradicionales al aire libre rehabilitadas y reconstruidas como sistemas de recirculación registran un consumo de 3 m3 de agua por kilogramo de pescado. Un sistema tradicional de flujo abierto para cultivo de truchas habitualmente usa unos 30 m3 anuales por kilogramo de pescado producido. Un efecto negativo de la acuicultura de recirculación es su alta complejidad tecnológica y sus costes mayores, pero los ahorros de agua son muy importantes.

Sistemas integrados

Los sistemas integrados de agricultura y acuicultura adoptan varias formas, entre ellas sistemas de producción de ganado y peces, de aves y peces o de arroz y peces. Un método adicional lo ofrece la acuaponía, al vincular la producción de pescado con la producción hidropónica de vegetales en sistemas de recirculación. Los productos de un subsistema, que de otro modo podrían convertirse en desechos, se vuelven un insumo para el otro subsistema, lo que mejora la productividad del agua. El elemento agrícola tiende a ser el cultivo preeminente; el cultivo de peces es secundario y también aporta aguas residuales ricas en nutrientes que pueden beneficiar al componente agrícola. Similarmente existe el sistema integrado que incluye peces y langostinos de agua dulce (Macrobrachiumrosenbergii) junto con arroz y que se aplica en China y Vietnam.

La integración da lugar a una mayor eficiencia en el uso de la tierra y el agua que controla la explotación. Dado que el agua se fertiliza con los desechos de los peces, se vuelve rica en nutrientes orgánicos y, por tanto, aumenta la producción vegetal y disminuye la necesidad de otros fertilizantes. Existen informes de explotaciones donde se integran la agricultura y acuicultura, incluso en tierras desérticas y áridas, que han reducido el consumo de agua en un 80% a 90% en comparación con la acuicultura tradicional.

Un ejemplo se encuentra en Egipto, en una explotación que se dedica prácticamente por completo a la agricultura y acuicultura integradas, donde la tilapia se cría en tanques para peces conectados con estanques donde crece un helecho flotante llamado azolla, que se emplea como alimento. La azolla es una planta acuática cosmopolita que absorbe nutrientes del agua y, al mismo tiempo, fija el nitrógeno atmosférico, con lo que, literalmente, crea un fertilizante a partir del aire. Esta agua es usada para regar vides, olivos, naranjos y mangos.

Un punto importante en relación con el uso sostenible del agua es que, en algunos casos concretos, la acuicultura puede realizarse en lugares donde ni la tierra ni el agua son aptas para la agricultura. En algunos países (como China y Egipto) la acuicultura con agua salina se realiza en zonas donde las condiciones del suelo y las propiedades químicas del agua disponible no son aptas para otros tipos de alimentos. En las llanuras aluviales estacionales o zonas costeras inundables, la acuicultura puede proporcionar una estrategia agrícola para volver productivas esas tierras marginales.

Así, la acuicultura y los sistemas que integran agricultura y acuicultura pueden ser especialmente importantes en muchas zonas rurales del mundo, zonas montañosas y áridas, donde son frecuentes la pobreza y la malnutrición. Incluso para los suelos que se están volviendo inutilizables para los cultivos por su salinización, la acuicultura puede ser la mejor solución. En suma, adoptar la acuicultura mejora la productividad de la tierra y, por ende, contribuye a la sostenibilidad medioambiental, así como a la economía rural, al aumentar la producción general.

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