Editorial Agrícola
Sanidad animal

La ecuanimidad en la defensa de los animales

27/04/2020

Por José Luis Pérez Gil, veterinario

Los movimientos en defensa de los animales tienen su origen en el norte de Europa, más concretamente en Alemania en los años sesenta. Con el tiempo, el desarrollo de las sociedades y el bienestar económico, dichos movimientos se han extendido por todo el mundo, ganando en número de seguidores, en poder económico, y en influencia y en algunos casos se han radicalizado.


Determinados colectivos animalistas son auténticos grupos de influencia que han posibilitado cambios legislativos e inclusive en algún caso se han convertido en partidos políticos. En la Unión Europea han conseguido destacados avances legislativos que se han concretado en una copiosa normativa de bienestar animal desde la granja hasta el matadero pasando por el transporte de animales. A nivel nacional se ha modificado el código penal para calificar el maltrato animal como delito.

Resulta loable la defensa de los animales y se han conseguido avances necesarios y beneficiosos gracias a los movimientos que actúan en este sentido, pero hay que prestar atención también al hecho de que actualmente muchos seres humanos son todavía maltratados, entendiendo el maltrato en un sentido amplio, lo que incluye el maltrato físico, pero también las carencias en las necesidades esenciales de alimentación, cobijo o salud.

También hay animales maltratados y es necesaria la erradicación de estos comportamientos, pero parece excesivo pretender la suspensión o prohibición de cualquier actividad en la que se utilizan animales y también querer que desaparezca la ganadería o al menos la ganadería intensiva.

Determinados colectivos de defensa de los animales reclaman la prohibición de actividades como la caza, los toros, las exhibiciones donde se empleen animales, etc. Estas pretensiones parecen excesivas a muchas personas puesto que incluso la caza es necesaria para el mantenimiento del equilibrio de poblaciones en determinados ecosistemas, la fiesta de los toros hunde sus raíces en lo más remoto de las tradiciones populares y ha sido un elemento determinante para la conservación de la raza de lidia. Existen además espectáculos, festejos y exhibiciones donde los animales son bien tratados.

Otra cuestión es que se puedan introducir cambios o limitaciones en el ejercicio de la caza o de la regulación de los festejos taurinos, como ya ha sucedido. Es conocido que no hace demasiados años los caballos de los picadores no llevaban petos y muchos perecían en la lidia, incluso actualmente en algunos países el toro no muere durante la lidia y la caza de hoy en día se practica en muchas ocasiones para el control de poblaciones salvajes y en otras con ejemplares que se han criado sólo para su suelta en el medio natural y posterior caza, estando muchas especies protegidas de esta actividad.

Acompañando a la visión proteccionista, que casi equipara a los animales con los seres humanos, la industria ha aprovechado esta tendencia para satisfacer a los propietarios de animales de compañía, que hoy pueden obsequiar a sus mascotas con todo tipo de atenciones, cuidados y accesorios, pudiendo encontrar leche especial enriquecida para gatos, comida ecológica y diversas delicias “gourmet”, amén de una completa gama de accesorios y complementos de toda índole o servicios como bares para perros, “guarderías” o residencias de verano y cementerios para mascotas.

Puede darse así el caso de que en cualquier ciudad europea, en algún piso de un edificio el gato de la casa se encuentre cenando su comida gourmet y su leche enriquecida, mientras cualquier persona desfavorecida duerme en el portal del edificio sin nada que llevarse a la boca. Es evidente que lo uno no es consecuencia ni está relacionado con lo otro, pero es un supuesto que, en una sociedad avanzada, destacaría sobremanera a cualquiera con algo de sensibilidad y capacidad de análisis.

Me gustaría con estas líneas poner de manifiesto situaciones que aunque no estén directamente relacionadas, si suponen un fuerte contraste. Las sociedades modernas presentan un desarrollo a veces contradictorio en el que el mercado y los avances sociales generan corrientes de opinión y acción ciudadana que ignoran o soslayan otras realidades económicas y sociales que también existen. Una visión global es necesaria en una sociedad en la que todos debemos convivir con la mayor paz, armonía y niveles de bienestar social posible.

De lo anterior se desprende la necesidad de abogar por una defensa firme de los animales donde prime la ecuanimidad y el equilibrio, que defienda el castigo legal de cualquier comportamiento, práctica o actividad que pueda dañar o maltratar a los animales gratuitamente, pero que también respete las actividades que dentro de la Ley utilizan o se sirven de los animales al tiempo que tenga en cuenta que la sociedad es un conjunto de personas con sensibilidades, situaciones e intereses diferentes.

Por último hay que tener presente que la sensibilidad social en defensa de los animales es creciente, lo que se constata en el hecho de que un partido político que se centra en la defensa de los animales ha obtenido más de 300.000 votos en las elecciones generales de 2019 en España. No ha logrado ningún escaño al no haber conseguido el 3% del voto en las circunscripciones en que se presentaba, el límite para acceder al reparto de escaños mediante la ley d’Hondt, pero ha obtenido más votos que en las anteriores elecciones generales. Ese es el camino si se pretenden cambios legales, una mayoría social suficiente para reclamarlo.

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